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domingo, 2 de septiembre de 2007

¿Nos estamos volviendo locos?

Tenemos dos actitudes respecto a la prevención de riesgo distintas, una respecto a nuestro ocio y vida diaria, y otra respecto a nuestro trabajo. Salimos a la calle y tropezamos con silla de niños que tienen un diseño parecido a los vehículos intergalácticos de última generación en los que se han incorporado dispositivos adaptables a la altura de agarre de sus progenitores, un triunfo de la ergonomía, con empuñaduras diseñadas para facilitar un empuje más eficaz con menos esfuerzo; compramos sillas de coche con todos los parabienes de conformidad, marcado CE y homologación incluídos. Las sillas que compramos para nuestro ordenador de casa han de ser ergonómicas tal como refieren ahora todos los catálogos.
Las mochilas de los niños han dejado de llevarse en los hombros para ser arrastradas como carritos de compra creyendo en una "dudosa" mejora ergonómica y hasta comprar un cepillo de dientes requiere discernir entre sofisticados diseños que permiten ajustar el mango y sus curvaturas a la configuración de nuestra mano. Los bolígrafos ya no son lo que eran, con diseños que facilitan el agarre y la sujeción perfecta a los dedos para una mayor precisión de uso. Todo ello ha supuesto una mejora en el diseño, encaminada, entre otros causas, a facilitar un uso más práctico y correcto. En resumidas cuentas, compramos estos objetos porque resultan más cómodos y parecen más seguros.
Y sin embargo, cuando estas mejoras se incorporan a la vida laboral las miramos con recelo y rechazo. Pensamos con malicia que no son tales mejoras para nuestra salud sino que suponen una mejora productiva, un medio para trabajar más y más rápido o simplemente un capricho de la dirección. ¿Dónde ha quedado esta conciencia de la salud? Se compran equipos ergonómicos que no llegan a convencernos por su "rareza" o porque rompen con nuestra habitual forma de trabajar. Si se organizan ejercicios para fortalecer la musculatura de la espalda y/o del brazo, no acudimos porque dudamos de su eficacia, máxime si es fuera del horario de trabajo, aunque después vayamos al gimnasio. Si valoramos la seguridad de los objetos y equipos que compramos para nuestra vida diaria, para nuestra familia y amigos, en igual medida hemos de valorar y aceptar las mejoras que desde la seguridad y/o ergonomía se están implantando en las empresas. ¿Acaso no nos estamos volviendo locos?

1 comentario:

El Malo dijo...

Pleno al quince..... se te han olvidado las cuchillas de afeitar manuales a pilas.... por cierto ¿Como coño funcionan?

Ya estamos de vuelta, jeje.

Un saludo

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