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martes, 15 de mayo de 2007

LA SITUACIÓN DE LA PREVENCIÓN DE RIESGOS EN ESPAÑA


La Ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales marcó el comienzo de una nueva era en la forma de trabajar en España. Esto marcó un antes y un después en una sociedad anclada en los modos de producción de mitad del siglo pasado y nos ha adaptado a la normativa europea que busca el trabajo seguro y de calidad.

Sin embargo, aún queda mucho por mejorar. Es cierto que la mortalidad por causas laborales se ha visto reducida, pero ligeramente. En el resto de Europa el desarrollo de la política prevencionista dentro de las empresas está a años luz de España. Estamos a la cabeza de los accidentes con baja año tras año.

Tras la aprobación de la Ley, la situación laboral española ha cambiado bastante, situando a la construcción como el verdadero motor de la economía nacional. Un sector donde la accidentalidad laboral y la contratación temporal son enormes. Esto último es muy importante porque imposibilita al trabajador a aprender a desarrollar eficazmente y con seguridad su trabajo.

Más de un millón de accidentes con baja y 1500 muertes anuales nos tienen que servir para tomar conciencia y encontrar las causas de este desastroso panorama.

El primer punto es el desajuste entre la normativa y su aplicación por las empresas y por Administración. El artículo 9 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales habla de las competencias y funciones de la Inspección de Trabajo. Pero, este órgano público actúa mal y tarde. Mal porque se limita a exigir el cumplimiento burocrático de las leyes. Ya que asume que tener “los papeles” indica que se cumple la Ley. Tarde porque actúa cuando existe un elevado número de accidentes graves o mortales.

Las empresas, ante la mala praxis de la Inspección de Trabajo, actúan impunemente. Saben que desde la Administración se les va a pedir, con suerte cada cinco años, los papeles al día. Y, se limitan a eso, a ignorar la Ley. Aunque, el Artículo 16 obliga a integrar la prevención en la gestión de la empresa, como un elemento más, que afecte a toda la organización desde arriba hasta la base.

Precisamente esta base, los trabajadores, son quienes sufren en primera persona este problema, pero obviamente gran parte de la culpa la tienen ellos mismos. Una de las bases de la Ley es la formación de los trabajadores, pero la Ley se olvida de la actitud de los mismos. Se limitan a asistir a los cursillos y charlas como elementos decorativos esperando que acabe cuanto antes y poder seguir con lo suyo. Exigen el cumplimiento de la Ley al empresario, y no quieren ser conscientes de que ellos tienen la obligación de trabajar de manera segura. Resumiendo: los Equipos de Protección Individual deben ponérselos y si se les ha prohibido una determinada acción por los riesgos que entraña, deben respetar tal prohibición. Los Sindicatos, deberían ser conscientes de su papel y no olvidar el vacío legal que existe cuando el empresario cumple la Ley y el trabajador no asume sus obligaciones.

Para finalizar decir que el espíritu de la Prevención es salvar vidas, reducir el número de accidentes y el elevado coste que para nuestra economía tiene la situación actual. Esta es la actitud prevencionista y no la de utilizar los números sobre accidentalidad laboral que nos ponen a la cabeza de Europa como arma de presión.


Eduardo
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