ESTAMOS AQUI

sábado, 21 de abril de 2007

VENCER EL MIEDO

Distingue los miedos amigos de los miedos enemigos. Los amigos te advierten del peligro para librarte de él. Los enemigos te disuaden de que lo hagas, te esclavizan y te vampirizan.

Tú no eres tu miedo. Una de las artimañas usadas por el miedo es que nos identifiquemos con él y nos sintamos avergonzados. Esto nos condena al silencio.

Debes declarar la guerra a los miedos enemigos que han invadido tu intimidad. Actuar, actuar, actuar, salir de la pasividad a la que el miedo condena.

No puedes colaborar con el miedo. No puedes decir: “No me vale la pena intentar una cosa tan insignificante”, cuando en el fondo lo que estás pensando es que no sabes cómo hacerlo o no te atreves.

Tienes que fortalecerte. Con una sencilla fórmula:

Intensidad del Miedo = Gravedad del Peligro (dividido por) Fortaleza Personal

Reduce la gravedad del peligro o Aumenta la Fortaleza Personal. Si pueden ser las dos cosas al mismo tiempo, mucho mejor.


Háblate como si fueras tu entrenador. Todos tenemos ese “Otro íntimo” con el que hablamos, el cual nos permite acceder o no a las fuentes de nuestra energía. Los entrenadores saben muy bien que el atleta debe animarse a sí mismo antes de dar el salto.

Debilita a tu enemigo. Critica las creencias en las que se basa tu miedo. Búrlate de él. Desarrolla el sentido del humor para desactivarlo. Así acabarás sustituyendo esas “ideas nocivas” por otras adecuadas para vivir.

Busca buenos aliados. Es difícil combatir el miedo solo/a. Y si el miedo es patológico, imposible. Busca ayuda de personas que te puedan dar ánimo cuando estés desalentado/a.

Extraído del libro de Jose Antonio Marina "Anatomía del miedo".

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.